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Los amigos del Eremitorio de Getsemaní

 

 

“Tú eres belleza, Tú eres mansedumbre. Tú eres protector,

Tú eres custodio y defensor, Tú eres fortaleza, Tú eres refugio…”

                                                (Sn. Francisco de Asís, de las Alabanzas al Dios altísimo)

En Jerusalén hay un Jardín, se encuentra «más allá del Cedrón», a los pies del monte de los Olivos. Aquí Jesús solía retirarse con sus discípulos cuando se encontraba en Jerusalén. Reposaba, oraba, dialogaba con el Padre y los suyos, y paseaba con ellos: Dios había vuelto a la tierra para encontrarse con sus criaturas como en el jardín del Edén antes de la caída de Adán y Eva.

En este Lugar Jesús vivió su drama de Salvador del mundo la última noche de su vida; a sus ojos se presenta el cáliz amargo de la pasión y de la muerte: abandono, traición, odio y soledad. Pero su amor a nosotros supera la amargura de aquel cáliz y Jesús lucha, suda sangre y permanece fiel a la voluntad del Padre.

Ahora, una parte de este Jardín, después de muchos años de abandono, a vuelto a vivir y a ser el Lugar donde Jesús se encuentra con todos aquellos que le buscan y todo el dolor del mundo, gracias a la intuición del P. Giorgio Colombiini. Hace alrededor de 30 años, el P. Giorgio empezó a limpiar, labrar, plantar y construir, junto con el trabajo precioso y gratuito de muchos voluntarios jardineros, albañiles, fontaneros...), y creó precisamente en este santo Jardín un Lugar de oración hermoso y acogedor.

Con el paso del tiempo fue disminuyendo para los voluntarios un poco menos la urgencia del ‘hacer’y, mientras periódicamente viven aquí su tiempo libre (semanas, algunos meses...), no se limitan a echar una mano en las obvias e inevitables necesidades materiales, sino que participan plenamente en la vida de este Santo Lugar. Están con Jesús para reflexionar sobre el gran misterio de su Pascua, para escuchar en el silencio su voz que ora, suplica, grita y llora, para adorar este inmenso amor divino y decir con Él: “Sí, Padre, hágase tu voluntad”.

Precisamente por esto, ya el P. Giorgio solía afectuosamente no llamarles “voluntarios” sino “amigo” del Getsemaní.

Y mientras se intenta vivir todo esto –ayudados por la lectio divina y la oración cotidiana- se trabaja para que los húespedes que pasan y se quedan aquí, más o menos tiempo, se sientan acogidos y amados.

 

Bruno y Gabriella, amigos del Eremitorio de Getsemaní