Lo antiguo y
siempre nuevo

Login Form

Origine dell’Ora Santa

 

 

Te suplico, Señor,
que la fuerza abrasadora y meliflua de tu amor
absorba de tal modo mi mente
que la separe de todas las cosas que hay debajo del cielo,
para que yo muera por amor de tu amor,
ya que por amor de mi amor, tú te dignaste morir

(Absorbeat, san Francesco: FF: 277,1-2)

 

Breve reseña histórica

 

El origen de la Hora Santa se remonta directamente a las revelaciones de Paray-le-Monial (Francia) y centra su origen en el Corazón mismo de nuestro Señor.

 

Jesús se apareció en 1674 a una «pequeña religiosa», santa Margarita María de Alacoque (1647-1690) mientras se hallaba en oración. No era la primera vez que Cristo se le manifestaba mostrándole su Corazón. En aquella ocasión, Jesús le pidió la «Hora Santa» de reparación, a hacerse todas las noches entre el jueves y el viernes, desde las once hasta la medianoche. En aquella Hora se hacía partícipe de la tristeza de Jesús en Getsemaní.

 

La difusión de esta práctica piadosa en el mundo católico estuvo íntimamente ligada al favor que encontró, en los siglos XVIII-XIX, el culto al Sagrado Corazón de Jesús.

La Hora Santa tiene tres características principales que se recogen en las memorias de santa Margarita María: la oración reparadora, la unión con Jesús sufriente en Getsemaní y los gestos de humillación.

 

En mayo de 1930 se celebró en Paray-le-Monial el primer centenario de la institución de la Hora Santa. Por invitación de la Archicofradía de la Hora Santa, todo el mundo católico se unió para celebrar unido la Hora Santa.

El P. Custodio fray Aurelio Marotta dispuso que en Getsemaní, en el mismo lugar en el que Jesús padeció su Hora Santa, se celebrase la práctica piadosa durante la noche. Tres años después, el 6 de abril de 1933, el jueves anterior a la Semana Santa, ante la piedra de la agonía de la basílica de Getsemaní, el P. Custodio fray Nazareno Jacopozzi erigió canónicamente la Hermandad de la Hora Santa, afiliada a la de Paray-le-Monial.

La Hermandad tuvo rápidamente numerosos inscritos de todo el mundo (en un año alcanzó los 21.500 inscrito que, en tres años, llegaron a los 92.482). Quien formaba parte de ella estaba llamado a hacer el ejercicio de la Hora Santa durante la tarde o la noche de todos los jueves, práctica por la que recibía la indulgencia plenaria. También la santa misa cantada que todos los jueves los frailes franciscanos celebraban en Getsemaní era en sufragio por los inscritos a la hermandad.

 

Bibliografía

 

  1. Terra Santa, L’Ora Santa al Getsemani, 1933, 103.