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LA ORACIÓN DE REPARACIÓN

 

Queridos amigos de Getsemaní, ¡el Señor os conceda su Paz!

Al comienzo de este tiempo especial del camino cuaresmal, me gustaría compartir con vosotroseste mosaico que se encuentra en nuestra Basílica: representa el beso que Judas Iscariote le dio aJesús AQUÍ en Getsemaní en aquella noche iluminada por la luna llena de Pascua.
Este gesto, el beso, la expresión del afecto y la entrega del amor… ¡está malignamentemanchado! He encontrado una historia interesante que proviene de una mística del siglopasado, que narra cómo, una vez resucitado, Jesús trae a los discípulos aquí, donde sudó sangre,y al llegar al lugar del beso de la traición, el Señor le pide a Pedro ¡que lo bese! Pedro, que lehabía negado tres veces, desplomado en el suelo estalla en llanto y sollozando y afligido le ruegaque no insista. Jesús le suplica y afirma:“Si por un beso lleno de falsedad y odio, el Hijo delHombre fue traicionado, por un beso lleno de amor y de piedad puede ser Amado”, que el tuyo seael beso que lave y borre ese dolor.
Cuando veo que el Señor no es amado, que es insultado, blasfemado o no aceptado, creo que puedoreparar eso, a mi pequeño modo, amándolo, alabándolo, acogiéndole en silencio a través de laspersonas que conozco o mediante pequeñas situaciones que ocultan su imagen. A veces veo nuestrahumanidad desfigurada y sufriente, que en el rostro de los pequeños del Evangelio todavía clamahoy: "¡Señor, ayúdanos!". Así que vuelve a mi corazón esta invitación: "Pero tú, ¡dame tu corazón...tu beso de amor!" 
Esto me da mucha fuerza y ​​creo que puede ser así para cada uno de nosotros, en lalucha diaria que nos une por un bien mayor y que entra dentro de su plan de salvación. Podemosllamar a esto una oración de reparación.

Recordémoslo en la oración común. El Señor es nuestra fuerza y nuestra única esperanza.