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El Getsemaní de Jesús en los Evangelios

 

 

Leemos en la memoria viva de los testimonios directos lo que realmente ocurrió AQUÍ, en el Jardín, aquella dramática noche... antes de la traición y el arresto de Jesús.

 

 

Getsemaní según Mateo

 

36 Entonces va Jesús con ellos a una propiedad llamada Getsemaní, y dice a los discípulos: «Sentaos aquí, mientras voy allá a orar». 37 Y tomando consigo a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a sentir tristeza y angustia. 38 Entonces les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad conmigo». 39 Y adelantándose un poco, cayó rostro en tierra, y suplicaba así: «Padre mío, si es posible, que pase de mí esta copa, pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú». 40 Viene entonces a los discípulos y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «¿Conque no habéis podido velar una hora conmigo?

41 Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil». 42 Y alejándose de nuevo, por segunda vez oró así: «Padre mío, si esta copa no puede pasar sin que yo la beba, hágase tu voluntad». 43 Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados. 44 Los dejó y se fue a orar por tercera vez, repitiendo las mismas palabras. 45 Viene entonces a los discípulos y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Mirad, ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de pecadores. 46 ¡Levantaos!, ¡vámonos! Mirad que el que me va a entregar está cerca».

47 Todavía estaba hablando, cuando llegó Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo numeroso con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo. 48 El que le iba a entregar les había dado esta señal: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es; prendedle». 49 Y al instante se acercó a Jesús y le dijo: «¡Salve, Rabbí!», y le dio un beso. 50 Jesús le dijo: «Amigo, ¡a lo que estás aquí!». Entonces aquéllos se acercaron, echaron mano a Jesús y le prendieron.

51 En esto, uno de los que estaban con Jesús echó mano a su espada, la sacó e, hiriendo al siervo del Sumo Sacerdote, le llevó la oreja. 52 Dice entonces Jesús: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que empuñen espada, a espada perecerán. 53 ¿O piensas que no puedo yo rogar a mi Padre, que pondría al punto a mi disposición más de doce legiones de ángeles? 54 Mas, ¿cómo se cumplirían las Escrituras de que así debe suceder?».

55 En aquel momento dijo Jesús a la gente: «¿Como contra un salteador habéis salido a prenderme con espadas y palos? Todos los días me sentaba en el Templo para enseñar, y no me detuvisteis. 56 Pero todo esto ha sucedido para que se cumplan las Escrituras de los profetas». Entonces todos los discípulos le abandonaron y huyeron.

 

     (Mt 26,36-56)

 

Breve comentario al Texto:

La propiedad de Getsemaní, el lugar de la almazara, está indicado por Mateo y Marcos como el sitio en el que realmente comenzó el drama de la Pasión de Jesús. La debilidad humana de aquel momento de tristeza y angustia está marcada por la oración de Jesús que, por tres veces, implora al Padre  «que el cáliz pase»: se trata de una expresión bíblica para indicar la terrible suerte que Dios reservaba en particular a sus adversarios.

A los discípulos dormidos, Jesús le recuerda que deben rezar para no «caer en la tentación».

Esta enseñanza se contiene también en la oración del Padre Nuestro, para que el Padre no abandone a sus hijos en el momento de la tentación sino que les dé la fuerza para superarlas.

Mateo describe el saludo de Judas seguido del beso; se trataba de una forma habitual de saludar en la población oriental e indicaba un relación estrecha de amistad. A esta amistad, Jesús no se niega llamando al mismo Judas «amigo».

En la redacción de Mateo se trata largamente la reacción de Jesús contra uno de sus discípulos que, sacando la espada, corta la oreja al siervo del sumo sacerdote. Jesús condena el gesto por dos motivos: por un lado, la exaltación de la no violencia y del perdón; por otro, la certidumbre de que su captura formaba parte del diseño que Dios había trazado y señalado en las Escrituras de los profetas.

 

 

Getsemaní según Marcos

 

 

32 Van a una propiedad, cuyo nombre es Getsemaní, y dice a sus discípulos: «Sentaos aquí, mientras yo hago oración». 33 Toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y comenzó a sentir pavor y angustia. 34 Y les dice: «Mi alma está triste hasta el punto de morir; quedaos aquí y velad». 35 Y adelantándose un poco, caía en tierra y suplicaba que a ser posible pasara de él aquella hora. 36 Y decía: «¡Abbá, Padre!; todo es posible para ti; aparta de mí esta copa; pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú». 37 Viene entonces y los encuentra dormidos; y dice a Pedro: «Simón, ¿duermes?, ¿ni una hora has podido velar? 38 Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil».

39 Y alejándose de nuevo, oró diciendo las mismas palabras. 40 Volvió otra vez y los encontró dormidos, pues sus ojos estaban cargados; ellos no sabían qué contestarle. 41 Viene por tercera vez y les dice: «Ahora ya podéis dormir y descansar. Basta ya. Llegó la hora. Mirad que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. 42 ¡Levantaos! ¡vámonos! Mirad, el que me va a entregar está cerca». 43 Todavía estaba hablando, cuando de pronto se presenta Judas, uno de los Doce, acompañado de un grupo con espadas y palos, de parte de los sumos sacerdotes, de los escribas y de los ancianos. 44 El que le iba a entregar les había dado esta contraseña: «Aquel a quien yo dé un beso, ése es, prendedle y llevadle con cautela». 45 Nada más llegar, se acerca a él y le dice: «Rabbí», y le dio un beso. 46 Ellos le echaron mano y le prendieron. 47 Uno de los presentes, sacando la espada, hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le llevó la oreja.

48 Y tomando la palabra Jesús, les dijo: «¿Como contra un salteador habéis salido a prenderme con espadas y palos? 49 Todos los días estaba junto a vosotros enseñando en el Templo, y no me detuvisteis. Pero es para que se cumplan las Escrituras».

50 Y abandonándole huyeron todos. 51 Un joven le seguía cubierto sólo de un lienzo; y le detienen. 52 Pero él, dejando el lienzo, se escapó desnudo.

                                                                                                      (Mc 14, 32-52)

 

Breve comentario al Texto:

El evangelista Marcos describe la noche de angustia y de oración intensa de Jesús, que le lleva al abandono definitivo en la voluntad del Padre, seguido de la traición de Judas. Marcos subraya que la oración de Jesús al Padre estaba cargada de confianza y familiaridad. En el texto, Jesús se dirige a su Padre con el término «Abbá», que en la tradición judía no se había utilizado nunca para referirse a Dios; además, «Abbá» se emplea en los Evangelios solo en este único texto para subrayar la profunda intimidad entre Dios y su Hijo Jesús en el momento en el que Jesús se siente más necesitado del amor del Padre.

Marcos es también el único en añadir un detalle, quizá de naturaleza personal: se trata de un joven que, para huir de los guardias, deja caer la sábana, quedándose desnudo. Podría tratarse también de una memoria autobiográfica. Marcos era de Jerusalén y el mismo terreno de Getsemaní podría pertenecer a su familia. En aquella noche, se habría sorprendido mientras dormía y, por ello, estaba cubierto solo por la sábana.

 

 

Getsemaní según Lucas

 

 

39 Salió y, como de costumbre, fue al monte de los Olivos; los discípulos le siguieron. 40 Llegado al lugar les dijo: «Pedid que no caigáis en tentación». 41 Se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba 42 diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». 43 Entonces se le apareció un ángel venido del cielo que le confortaba. 44 Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra. 45 Levantándose de la oración, vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la tristeza; 46 y les dijo: «¿Cómo es que estáis dormidos? Levantaos y orad para que no caigáis en tentación».

47 Estaba todavía hablando cuando se presentó un grupo; el llamado Judas, uno de los Doce, iba el primero, y se acercó a Jesús para darle un beso. 48 Jesús le dijo: «¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!». 49 Viendo los que estaban con él lo que iba a suceder, dijeron: «Señor, ¿herimos a espada?». 50 Y uno de ellos hirió al siervo del Sumo Sacerdote y le llevó la oreja derecha. 51 Pero Jesús dijo: «¡Dejad! ¡Basta ya!». Y tocando la oreja le curó.

52 Dijo Jesús a los sumos sacerdotes, a los jefes de la guardia del Templo y a los ancianos que habían venido contra él: «¿Como contra un salteador habéis salido con espadas y palos? 53 Estaba yo todos los días en el Templo con vosotros y no me pusisteis las manos encima; pero esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas». 54 Entonces le prendieron, se lo llevaron y le hicieron entrar en la casa del Sumo Sacerdote; Pedro le iba siguiendo de lejos.

                                                                                                           (Lc 22, 39-54)

 

Breve comentario al Texto:

Entre los evangelistas, Lucas es el único que recuerda el «sudor de sangre» causado por la extrema angustia de Jesús que, en ese momento de oscuridad, recibió del Padre el consuelo de un ángel. El fenómeno físico de la hematosis se puede verificar a causa de un sufrimiento físico extremo y el evangelista, que según la tradición era médico, lo atribuye «a la agonia» - del griego «lotta» - de Jesús contra el «poder de las tinieblas». 

El «poder de las tinieblas» por quien estaban poseídos los que venían a prender a Jesús, tiene por lo menos un doble significado: literal y bíblico.

Como había predicho Jesús, su arresto se produjo de noche, con el favor de las «tinieblas», para que la muchedumbre que le seguía de día no pudiera intervenir en su ayuda. Pero a las «tinieblas» se asocian bíblicamente la ausencia de Dios y son metáfora de todo lo que está mal y tocado por el pecado.

 

El evangelista es también el único que narra el gesto de piedad de Jesús para con el siervo del sumo sacerdote, curándole la oreja herida por la espada de uno de sus discípulos.

 

 

Getsemaní según Juan

 

 

1 Dicho esto, pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos. 2 Pero también Judas, el que le entregaba, conocía el sitio, porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. 3 Judas, pues, llega allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y fariseos, con linternas, antorchas y armas. 4 Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta: «¿A quién buscáis?». 5 Le contestaron: «A Jesús el Nazareno». Les dice: «Yo soy». Judas, el que le entregaba, estaba también con ellos. 6 Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra. 7 Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscáis?». Le contestaron: «A Jesús el Nazareno». 8 Respondió Jesús: «Ya os he dicho que yo soy; así que si me buscáis a mí, dejad marchar a estos». 9 Así se cumpliría lo que había dicho: «De los que me has dado, no he perdido a ninguno». 10 Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco. 11 Jesús dijo a Pedro: «Devuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la voy a beber?». 12 Entonces la cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, le ataron 13 y le llevaron primero a casa de Anás, pues era suegro de Caifás, el sumo sacerdote de aquel año. 14 Caifás era el que aconsejó a los judíos que convenía que muriera un solo hombre por el pueblo.

                                                                                                                     (Jn 18, 1-12)

 

      

Breve comentario al Texto:

Juan no presenta a Jesús como el servidor sufriente de Isaías 53. El Jesús de Juan, a través de su pasión, lleva a cumplimiento la misión a la que estaba destinado y su misma muerte en la cruz es la glorificación (Jn 12, 20-33). En Juan no aparece todo el relato de la agonía sufrida en el huerto de los Olivos mientras que muestra un Jesús no solo traicionado por Judas, sino que se ofrece voluntariamente para beber el «cáliz»

preparado para Él por el Padre. Diversamente a los sinópticos, no nombra ni el monte de los Olivos ni Getsemaní, sino el torrente Cedrón que separa la altura del monte del Templo del monte de los Olivos.

Mientras que el resto de evangelistas indican vagamente al culpable del corte de la oreja del siervo del sumo sacerdote, Juan no solo especifica el nombre del mismo, Malco, sino que señala a Simón Pedro como el responsable de la pérdida de la oreja derecha. Este gesto se interpreta como la voluntad, por parte de Pedro, de imponer una marca de infamia.

Además, Juan precisa que el arresto de Jesús fue realizado por un grupo de soldados mandados por los jefes de los sacerdotes y de los fariseos, situación más realista respecto a la indicada por Lucas, que incluye entre los presentes a los mismos jefes de los sacerdotes y los jefes de la guardia del templo.

 

Todos los textos se han tomado de la Nueva Biblia de Jerusalén

en su edición española